16 DE AGOSTO DE 2026
Por Gorka Di Capitan
Editar no es hacer trampa
Ser fotógrafo hoy no es solo saber de luces, cámaras y encuadre. La edición es parte del oficio, y lo es desde hace mucho más de lo que la gente cree.
Cada vez que digo esto, alguien saca a los puristas. La fotografía de verdad se hace en la cámara, dicen, y editar es un vicio moderno. Nunca fue verdad.
El carrete ya era edición
Antes de lo digital, tus decisiones empezaban en la tienda. Elegir un carrete era elegir tu ISO. Tus químicos decidían cuánto contraste tenías, cuánta saturación, cómo de profundos salían los negros. Algunos hasta tirábamos carretes caducados a propósito, buscando esos virajes de color que nadie podía predecir. El cuarto oscuro era una sala de edición que olía a químicos.
Dos carretes distintos te daban dos fotos distintas de la misma mesa. Eso era el revelado de color antes de que existiera la palabra. A aquellos fotógrafos nadie los llamaba tramposos. Estaban decidiendo cómo debía verse la imagen final, la misma decisión que tienes delante en la portada de este artículo. Arrástrala y estás mirando mi cuarto oscuro.
Un poco de IA sigue siendo edición
La edición sigue evolucionando, y últimamente eso incluye herramientas de IA dentro de los mismos editores que llevo años usando. En este par de una sesión en Encore, el después tuvo ayuda de la IA para rematar el momento. El bar, el uniforme y la botella son reales, fotografiados esa misma tarde.
En publicidad de restaurantes mi línea es sencilla: el plato tiene que haber existido. Corregir color, limpiar una mancha o borrar la mano que sujeta una botella sigue partiendo de una fotografía real. Generar un plato que la cocina nunca preparó es otra cosa. De eso también estoy escribiendo un artículo, y llegará pronto.
Lo que la cámara ve de verdad
Las cámaras de hoy capturan en RAW. Cuando disparo en RAW, la primera versión suele salir plana y apagada. Contiene la información que necesito, pero no es una fotografía terminada.
Mira este tiraje. A un lado, lo que la cámara registró esa tarde. Al otro, la barra de The Dome como se sentía de verdad: el latón brillando, la sidra encendida de rojo, el mármol recogiendo la luz. La edición no inventó esa escena. La edición la devolvió.
Cuando editar es borrar cosas
A veces no hay equipo de campaña. En esta sesión no teníamos hilo de pescar para sostener la botella en el aire, así que la sujetó una mano y luego la borré en la edición. Una producción más grande lo habría resuelto con un soporte, más gente y más horas. Nosotros lo resolvimos con una mano y unos minutos de edición. El cliente se llevó la fotografía que habíamos planeado.
La edición lleva más de un siglo cambiando, de los químicos a los deslizadores y ahora a la IA. El oficio de detrás no ha cambiado: decidir qué tiene que contar la foto y responder por cada decisión que hay en ella.








