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23 DE OCTUBRE DE 2026

Por Gorka Di Capitan

Un cartel no hace scroll

Cartel de Flying Panda con tortitas soufflé y bubble tea en una cabina de teléfono, fotografía y diseño de Gorka Di Capitan

Entre 2022 y 2024 hice las fotos y los carteles de Flying Panda, una tienda de bubble tea con la que trabajé varios años. Uno de ellos eran unas tortitas soufflé con fresas, dos bebidas sobre fondo rojo y una flecha: a veinte segundos andando. Se colgó en una cabina de teléfono a la vuelta de la esquina de la tienda.

El cartel de Flying Panda montándose en pantalla: tortitas soufflé y dos bubble teas recortados sobre fondo rojo, diseño de Gorka Di Capitan

Por esa calle pasaba todo el que iba del centro comercial de la ciudad a la zona de los bares. Nadie tenía que seguir la cuenta. Nadie tenía que abrir una app. La foto trabajaba sola, todo el día, durante semanas.

La mascota de Flying Panda con vasos de bubble tea volando alrededor de la fachada de la tienda, por Gorka Di Capitan

Dónde acaba la foto

Un post se ve un segundo, si el algoritmo decide enseñarlo. La misma foto, impresa, trabaja en los sitios donde la gente ya está decidiendo qué comer: el escaparate, la pizarra de la puerta, la carta que tiene en la mano, la pared de dentro, la cabina de camino.

Para un bar con una de las terrazas más grandes de su ciudad produje las lonas de gran formato de su campaña con Coca-Cola en 2023. Para otro, cuadros enmarcados en las paredes del local. Para una coctelería, las fotos salen primero en Instagram y después acaban en la carta impresa y en su publicidad. Cuando planifico una sesión ahora, pregunto dónde se va a imprimir antes de preguntar dónde se va a publicar.

Bubble tea de Halloween con calabazas en Flying Panda, fotografía de Gorka Di Capitan

No todas las fotos aguantan la imprenta

Una foto que queda genial en el móvil puede caerse a dos metros de ancho. En una pantalla ves mil píxeles. En una cabina ves cada borde, cada sombra y todo el ruido. Ahí es donde importan el equipo y la manera de disparar.

La cámara necesita resolución. La luz tiene que ser limpia, que para mí quiere decir flash de estudio, aunque sea en un bar: le da a un plato o a una copa un borde lo bastante nítido para recortarlo y ponerlo sobre un fondo rojo sin que parezca pegado. La composición tiene que dejar sitio al texto que irá encima. Y el archivo tiene que salir en el formato y el espacio de color que pide la imprenta, no como una exportación para Instagram.

Salpicadura de bubble tea de fresa con una figura de panda en Flying Panda, fotografía de Gorka Di Capitan

Nada de esto se ve en el móvil. Se ve cuando llega la impresión.

Una sesión, todos los soportes

El truco está en planificarlo. Una sesión pensada para imprimir cubre el feed de Instagram, la app de reparto, la carta, el escaparate y el cartel. Pensada solo para redes, cubre redes.

Salpicadura de bubble tea verde con una figura de panda en Flying Panda, fotografía de Gorka Di Capitan

Así que antes de contratar a alguien, pregunta dos cosas. ¿Has impreso a este tamaño antes? ¿Puedo verlo? Un fotógrafo que lo ha hecho tendrá un cartel, una carta o una pared que enseñarte. Uno que no, te mandará un enlace a su perfil.

Un cartel no hace scroll. Se queda en la esquina, al mismo tamaño, el tiempo que tú quieras, y lo ve cada persona que pasa por delante. Si la foto aguanta a ese tamaño, trabaja para ti todos los días sin que publiques nada.

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FOTOGRAFÍA PARA HOSTELERÍA EN VALENCIA →

¿Necesitas fotos que aguanten en una pared?

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